martes, 9 de noviembre de 2010

MARÍA PEREGRINA DE LA FE

“Hemos sido elegidos para caminar, y no somos nosotros quienes elegimos la
meta de este camino. Lo hará aquel que nos ha ordenado marchar, el Dios de la Alianza”
La Anunciación "es el punto de partida de donde inicia todo el camino de María hacia
Dios" (Redemptoris Mater, 14): un camino de fe que conoce el presagio de la espada
que atraviesa el alma (cf. Lc 2, 35), pasa por los tortuosos senderos del exilio en
Egipto y de la oscuridad interior, cuando María "no entiende" la actitud de Jesús a los
doce años en el templo, pero conserva "todas estas cosas en su corazón" (Lc 2, 51).
Contemplando a María y el sentido cristiano de la peregrinación, probablemente
encontramos la imagen de cualquier hombre o mujer de nuestro tiempo, que anda a la
procura de una respuesta sobre sí mismo. ¿Acaso ligeros de equipaje, y con la
Palabra de Dios en la mano, guiados por María, no tendremos suficiente para que
cada persona encuentre la vocación a que ha sido llamada?
Todos los cristianos somos invitados a tomar parte en esta gran peregrinación que
Cristo, María, la Iglesia y la humanidad han recorrido y deben continuar recorriendo en
la historia. odas las religiones descubrieron “caminos” de peregrinación, aunque no todos tienen
la misma importancia, significado e interpretación, pero todos son símbolo de la
llamada del hombre al más allá.  Peregrino fue el patriarca Abrahán para seguir la
llamada de su creador; peregrino fue el pueblo de Israel para alcanzar la Tierra
Prometida; peregrino fue Jesucristo que sale del Padre para encontrarse con nosotros
en la carne humana y, en su existencia terrena, recorre los caminos de su tierra, Peregrina es María desde la Anunciación hasta la cumbre del Calvario donde acoge el
mandato de ser madre de todos aquellos que hagan el camino de la fe dentro del
nuevo pueblo de Dios. Es peregrino el que, escuchando y siguiendo una llamada,
recorre el “camino” para alcanzar la meta del encuentro con Dios.El peregrino que avanza en el “camino” ensancha su corazón.  El peregrino sabe que
abandonando tierra y haberes se encuentra consigo mismo y, sobre todo, halla en la
Meta la memoria del testimonio de Aquel que puede iluminar y cambiar su vida. En el “camino” se hace uno peregrino cuando siente el gozo del abandono de lo innecesario para vivir, experimentando que nada importa el tener sino el ser. 

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